lunes, 14 de marzo de 2011

La vida por los suelos.


Haya abatida, Otxandio.

Para un fotógrafo uno de los tesoros estéticos de Euskadi son sus bosques, que son, además, verdaderas joyas naturales. Pero si siempre que nos internamos en ellos lo hacemos con intención meramente paisajística estaremos desperdiciando gran parte de su potencial fotográfico.  Los hayedos, robledales y bosques mixtos albergan gran parte de la diversidad animal y vegetal de nuestras tierras. Al hablar de bosques y su biodiversidad  muchos pensamos en grandes vertebrados, aves amenazadas o plantas raras. En muchos ocasiones es así, pero uno de los grandes valores de estos bosques se esconde en una parte generalmente desdeñada de los mismos: la madera muerta. Y está formada por un pequeño ejército de vertebrados e invertebrados vinculados directa o indirectamente a ese recurso. Dentro de ese inadvertido ejército se encuentran algunos de los escasos artrópodos protegidos en Europa, como los escarabajos Rosalia alpina y  Osmoderma eremita (ambos ausentes en mi archivo, desgraciadamente), por ejemplo, y no pocos vertebrados igualmente protegidos, así como infinidad de especies de hongos y líquenes. Toda esta biomasa es de vital importancia para el sano equilibrio del bosque.


Hongos sobre tronco caído en el Monte Santiago

Y a medida que la descomposición de la madera avanza su biomasa aumenta, así, se estima que a los cinco años un tronco muerto sobre el suelo del bosque alberga 400 gramos de insectos por cada 100 kilos de madera, cuando al año no supera los 30 gramos. Eso sin hablar de los vertebrados que con el paso del tiempo van colonizando sus oquedades, como anfibios, roedores, etc....


Larva de lucánido en madera de haya. P.N. de Gorbea.

Ajenas a esta importante función de la madera muerta, las prácticas forestales han visto de modo muy negativo la presencia en los bosques de árboles o troncos caídos. Tradicionalmente se han considerado focos de plagas o combustible para incendios, y se ha promovido activamente la "limpieza"  del bosque por medio de su retirada. Ello ha alterado no solamente el ciclo de materia del bosque, sino que ha privado de su recurso a un gran número de organismos, que inevitablemente se han hecho más y más raros y  excasos.

Carabus auronitens sobre hoja de haya. P.N. Gorbea.
Este carábido deambula la hojarasca depredando otros insectos
o lombrices y es a la vez depredado por aves y anfibios.

Así, y en cierto modo, bosques muy pretendidos por los fotógrafos como el hayedo de Otzarreta, tan limpio y ordenado como bello, son menos equilibrados biológicamente hablando que otros más desordenados y salvajes como Altube o El Monte Santiago(recientemente sometido a una de esas "limpiezas").





Lucánido sobre tronco de haya. P.N. Gorbea.

De igual forma si en nuestras salidas fotográficas aligeramos el peso de nuestra mochila "olvidando" en casa las ópticas menos adecuadas para paisaje, o bien plegamos el trípode cuando la niebla se disipa, la luz no acompaña o ya tenemos en la tarjeta el encuadre buscado, estaremos privando a nuestro archivo de riqueza y diversidad, y lo que es más importante, nos privaremos nosotros mismos de esa fuente de conocimiento, pues durante la realización de las tomas o en el proceso de archivado nos veremos obligados a obtener datos e información sobre lo fotografiado.

Alytes obstetricans sobre raíz de haya. Sarria.

Al menos pensemos en todo esto cuando elijamos un musgoso tronco caído como primer plano en nuestras composiciones.

Trametes versicolor en rama de haya. Arrigorriaga.

Todas las fotografías que acompañan esta entrada han sido obtenidas en salidas no pretendidamente faunísticas o micológicas, si no aprovechando tiempos muertos entre condiciones lumínicas o atmosféricas óptimas. El peso añadido de un objetivo macro, un buen 50mm y una pequeña provisión de reflectores ligeros puede depararnos muchas alegrías.

Typhaeus typhoeus sobre la hojarasca. Urkiola.



6 comentarios:

Antonio Martínez Rúa. dijo...

Magnífica entrada, variada y mucha calidad en esos macros, buen trabajo!

Enrique Mariscal Labrador dijo...

Buenas Óscar, coincido con Antonio, una entrada estupenda... mucha variedad y con calidad. Una serie para una fantástica lección de ecología -que no ecologismo, jejeje... aunque también-. Muy buena esa forma de presentar los grandes y pequeños tesoros de Euskadi. Un cordial saludo.

Oscar Peña dijo...

Gracias a ambos por pasar y comentar.
Un placer.

Antonio Martínez Rúa. dijo...

por cierto el sapillo, un sapo partero, Alytes obstetricans.
Como lo tengo un poco olvidado hasta lo he confirmado en la guia de campo, jeje. Aunque no sé si ahora le han cambiado el nombre... Saludos

Oscar Peña dijo...

Muchas gracias Antonio, actualizado

Joan González dijo...

HOLA OSCAR

VAYA BICHOS TENEIS EN BILBO...JEJE

SALUT
JOAN